Ansiedad en los Exámenes

Un grado excesivo de ansiedad ante los exámenes conlleva siempre una disminución del rendimiento del estudiante. Esta manifestación específica de ansiedad comporta cierta analogía con la que se produce en una fobia. Sin embargo, en este caso, la respuesta de ansiedad no se produce ante un objeto o situación concreta y bien definida, como podría ser la presencia de una araña para alguien que padeciese de aracnofobia, sino que el causante de tal respuesta de ansiedad es un conjunto variado de elementos, siendo todo lo que rodea a la preparación del examen, anticipándolo, e incluida la situación misma, lo que va a ir generando e incrementando la temida respuesta de ansiedad, con el consiguiente bajo rendimiento e incluso el temido bloqueo durante el examen. Uno de estos elementos, y que cobra una especial relevancia para el estudiante que se examina, es el resultado del examen, cuyas consecuencias, en caso de suspenso, serán el mantenimiento de un alto grado de ansiedad ante las próximas situaciones de examen.

 

La ansiedad, sin embargo, cuando aparece no tiene necesariamente efectos negativos. Es una emoción que se da en todas las personas y que, en condiciones óptimas, mejora el rendimiento y la adaptación al entorno laboral, social y/o académico. Su función adaptativa nos motiva y moviliza la energía imprescindible para hacer frente a situaciones amenazantes, preocupantes o de reto, de forma que podamos llevar acabo lo necesario para neutralizar el riesgo, asumirlo o afrontarlo adecuadamente evitando las consecuencias negativas de la inacción. En nuestro caso, una ansiedad positiva de cara a un examen nos da la energía y motivación necesarias para estudiar, manteniendo activo nuestro estado de alerta y atención sobre la tarea que tenemos que realizar para llevarla acabo de la mejor forma posible. Evidentemente, la motivación va a radicar en nuestras expectativas respecto a la tarea, nuestros planes de acción, nuestros deseos, la confianza en nuestras habilidades, pero en último término los que nos pone a punto para la acción es la emoción, y en este caso un grado adecuado de ansiedad-activación siempre es positivo e indispensable.

 

Sin embargo, cuando la ansiedad sobrepasa determinados límites, en lugar de una ser una ayuda para realizar la tarea que tenemos entre manos, se convierte en un obstáculo y un problema para conseguir los objetivos que nos hemos planteado, interfiriendo en nuestras actividades, además de que a medio o largo plazo, si esa ansiedad se mantiene generará problemas de salud. Un grado elevado de ansiedad hará que perdamos recursos y nos centremos más sobre nosotros mismos que sobre la tarea, haciendo que perdamos concentración y que cometamos errores.

La mayoría de estudiantes experimenta una elevada ansiedad, ligada a su preocupación por el rendimiento en época de exámenes. Esta elevada activación puede repercutir negativamente, no sólo en el rendimiento ante las evaluaciones, sino que puede llegar a desequilibrar la salud de los alumnos ante este tipo de situaciones. Mucho antes de que comiencen los exámenes propiamente, comienzan a padecer trastornos físicos muy diversos (insomnio, dolores de cabeza, náuseas, vómitos, etc.), agravándose conforme se van acercando los días para el examen. En otros casos se producen conductas de tipo impulsivo o descontrolado respecto a la comida, o el consumo de bebidas estimulantes y/o tabaco, para regular el estado de activación y la emoción de ansiedad asociada.

 

La ansiedad ante los exámenes constituye un grave problema no sólo por el elevado porcentaje de estudiantes que la padecen sino también porque ejerce un efecto muy negativo sobre el rendimiento. Por ello, hay que considerar que un número muy alto de alumnos que sufren fracaso escolar o abandonan sus carreras no tienen problemas relacionados con el aprendizaje o con su capacidad sino con los niveles extremos de ansiedad que presentan ante los exámenes.

 

La ansiedad, además, deteriora la fiabilidad del recuerdo. Y cuanto mayores sean las exigencias de la tarea para procesar y recuperar la información aprendida, más se hará efectiva la influencia negativa de las interferencias ocasionadas por la ansiedad en el recuerdo y en la concentración. El examen se define como una prueba en la que tenemos que demostrar nuestra aptitud en determinadas materias. Las personas que experimentan una alta ansiedad a ser evaluados sufren una merma importante en la eficacia y ejecución ante tales pruebas, en comparación con aquellos otros en los que la ansiedad para afrontar el examen se mantiene en niveles óptimos.

 

         Por ello, y dada la importancia de este problema y las consecuencias que acarrea, se hace necesario intervenir mediante un programa específico de reducción de la ansiedad ante los exámenes, y más generalmente ante situaciones de evaluación, proporcionando así las estrategias necesarias para el afrontamiento de estas situaciones en las condiciones óptimas, y llevando su generalización a otras situaciones de la vida cotidiana asociadas o no con la evaluación.

 

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