El Trastorno por Atracón (TA) se ha identificado en personas que se dan atracones de comida de forma recurrente y compulsiva, acompañados de falta de control sobre la alimentación y un profundo malestar emocional. Existen también otros trastornos de la alimentación en donde se producen atracones o sobreingesta compulsiva de comida, como en la Bulimia Nerviosa, sin embargo en la persona que sufre el Trastorno por Atracón no se dan conductas compensatorias, tales como vómitos autoinducidos, abuso de laxantes o diuréticos, ayuno y ejercicio físico excesivos.
Los atracones suelen tener una serie de características como el comer a solas para esconder la voracidad, comer a pesar de no tener hambre, ingerir los alimentos de manera más rápida de lo normal y en grandes cantidades hasta sentirse desagradablemente lleno, y sentirse a disgusto con uno mismo o con un gran culpabilidad después del atracón. Estos episodios suelen darse unos 2 días en semana durante al menos 6 meses por término medio.
Los estudios epidemiológicos han detectado que el Trastorno por Atracón (TA) suele ser frecuente incluso entre la población general, pero donde sí se ha visto su importancia clínica es en relación con la obesidad y diversas alteraciones psicológicas. Las personas con Trastorno por Atracón suelen tener sobrepeso y frecuentemente sufren de depresión, ansiedad u otros trastornos. En el conjunto de personas con obesidad pueden llegar al 8% los que sufren de TA y hasta un 30% en aquellas que reciben algún tipo de tratamiento para adelgazar.
Los estudios que se han realizado señalan como factores propiciatorios de los atracones los pensamientos sobrevalorados acerca de la figura y el control del peso, el seguimiento crónico de dietas restrictivas, unido a estados emocionales negativos consecuencia de problemas interpersonales además de los propios efectos restrictivos de la dieta como son el hambre, la frustración y el no darse cuenta de cuándo se está saciado. Todo ello contribuye a que aparezcan episodios de descontrol y sobreingesta compulsiva, que vuelven a generar sentimientos negativos, de culpa y baja autestima que ponen en marcha de nuevo conductas alimentarias restrictivas generando otra vez frustración y nuevos episodios de descontrol, instaurándose un círculo vicioso.
La intervención psicológica deberá ir encaminada a tratar la multiplicidad de factores que inciden en este trastorno de alimentación. Convendremos en diseñar una intervención en varias fases donde en la primera de ellas se suministre a la persona información y educación nutricional acerca de la importancia de la ingesta y la actividad física en el control del balance energético y la tasa metabólica, así como de los efectos negativos de las dietas restrictivas. En sucesivas fases se entrenará a la persona en el manejo de la estimulación medioambiental sobre la conducta de ingesta y la influencia sobre ésta de factores sociales y emocionales, lo cual redundará en la modificación del estilo de comer y así como de los patrones de la actividad física. Será necesario también intervenir en la mejora de la condición psicológica de la persona preparándola para el afrontamiento de sus respuestas emocionales, de tal manera que no determinen los atracones compulsivos, así como propiciar la autoaceptación de su imagen corporal contrarrestando las evaluaciones negativas. Para finalizar se enseñarán al paciente diversas estrategias de prevención de recaídas.