Obesidad

La obesidad es un problema complejo en el intervienen factores genéticos, metabólicos, nutricionales, psicológicos y sociales. Centrándonos primeramente en los factores sociales, se hace evidente que desde mediados del pasado siglo la delgadez como patrón común de belleza y estereotipo social asociado al éxito o la moda, ha ido marcando cada vez más los hábitos cotidianos en relación con la alimentación de un mayor número de personas. Sin embargo, y aunque parezca paradójico, a la par el número de personas aquejadas de diversos trastornos alimentarios, y especialmente, aquellos que sufren obesidad ha aumentado de manera significativa.

 

Al mismo tiempo la acumulación de tareas, responsabilidades y obligaciones propias del actual estilo de vida, cada vez más apresurado, ha influido en la desorganización de ciertos hábitos saludables, y en particular de los relacionados con la alimentación. Comidas apresuradas, a destiempo o fuera del hogar, unido a la escasa actividad física, influyen para que la obesidad haya crecido en cuanto a su prevalencia en los últimos años.

 

Paralelamente a los factores sociales, desde hace algunos años se ha venido destacando la importancia de los factores psicológicos, y en particular de los emocionales, a la hora de explicar los procesos que favorecen la obesidad. Los estudios realizados al respecto permiten concluir que la activación producida por estados emocionales displacenteros como el aburrimiento, la ansiedad, la ira o el estrés, actúan con inductores de una mayor ingesta de alimentos, la cual puede actuar o como reductora del malestar inducido por tales estados emocionales, o como reforzante en sí. Al mismo tiempo, estos estados emocionales negativos pueden aparecer de forma significativa asociados a periodos de dieta o de restricción voluntaria de alimentos, que van a favorecer el incumplimiento de la misma dieta, así como la posible aparición de episodios descontrolados de ingesta, generando nuevos episodios de malestar emocional, y con el tiempo la instauración de trastornos alimentarios que antes no existían.

 

La intervención y tratamiento psicológico de la obesidad, unido al tratamiento médico en cuanto al diseño de una dieta saludable según las características morfológicas y metabólicas del paciente, debe ir encaminado según lo que hemos visto al mejor control y disminución de los estados emocionales displacenteros o negativos, que incrementan el aumento de la ingesta, así como a favorecer en la persona el fomento de emociones positivas y placenteras mediante el entrenamiento en habilidades de afrontamiento y autocontrol. Junto a ello será también necesario, la adquisición de habilidades y pautas de comportamiento nuevas con relación a la alimentación y a la actividad física, que incorporadas de forma natural a los hábitos cotidianos del paciente, les permitirán mantener los cambios de peso obtenidos.

 

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