La distimia hace referencia a estados depresivos leves, con un número menor de síntomas que la depresión, pero muy prolongada en el tiempo, más de 2 años, de tal manera que antes se tendía a explicar en función de rasgos estables de la personalidad del paciente, si bien actualmente se ha desechado esta hipótesis por considerarla imprecisa. La distimia se considera hoy como un trastorno afectivo de naturaleza subsindrómica, donde pueden darse periodos en los que el cuadro clínico se agrava, llegando en ocasiones a cumplir los criterios de un episodio depresivo mayor.
Es importante durante la evaluación del paciente efectuar un correcto análisis de los síntomas para discriminar otros posibles diagnósticos, como pueden ser trastornos depresivos mayores en fase de remisión parcial, trastornos bipolares, psicóticos o en los que su estado de ánimo se deba al consumo de sustancias u otras condiciones médicas.
La intervención partirá de un diseño similar a un caso de Depresión, aunque ajustándose en cada caso a la idiosincrasia y situación particular de cada paciente.