Alcoholismo

El alcohol cumple una gran variedad de funciones en nuestra sociedad tales como psicotrópica, terapéutica, alimentaria, como fuente de calorías para ciertos trabajos que requieren esfuerzo, como instrumento de cohesión, integración y estructuración cultural, como mecanismo de identificación y control social, como forma de transgresión, como recurso de afrontamiento y adaptación en situaciones de cambio, como modo de “llenar” “tiempos vacíos”, y como mecanismo de sociabilidad. Todo ello es razón para que el alcohol sea consumido por un alto porcentaje de la población a diario o esporádicamente, y que dicho consumo se convierta en un problema cuando además de afectar a la persona como patología médica, conlleva alteraciones y conflictos en la vida social y familiar, terminando por convertirse en muchos casos en un problema de salud mental.

 

El alcoholismo es un trastorno que entre los varones suele iniciarse en la adolescencia, progresa lentamente, y se convierte en un problema hacia los veinte años. La dependencia del alcohol requiere un abuso reiterado de la bebida durante años, en los que el alcohólico desarrolla un patrón de comportamiento característico. Entre las mujeres, aunque también en algunos varones, el alcoholismo suele darse a una edad avanzada sin que hayan existido problemas de abuso o dependencia del alcohol anteriores. En los últimos años se observa en la población joven un cambio del patrón clásico de bebida de los países latinos o productores de vino, en los que se consume alcohol de manera regular y en cantidades moderadas, al modelo de bebida anglosajón, donde se ingieren grandes cantidades de alcohol en periodos cortos de tiempo, las noches de los fines de semana, hasta llegar a la embriaguez.

 

Los principales problemas que nos encontramos en el alcohólico tienen que ver el patrón de consumo adquirido. Estos problemas van desde los agudos como la intoxicación o la abstinencia, a problemas desarrollados a lo largo del tiempo como la dependencia y el abuso. El consumo continuado y reiterado de alcohol produce dependencia física, cuyo síndrome de abstinencia puede ser grave o incluso mortal.

 

Los tratamientos psicológicos del alcoholismo pueden estar orientados a la abstinencia completa o a un uso controlado de la bebida, sin embargo su elección está en función de la evaluación previa del problema, los recursos y habilidades de la persona, el grado de patología o secuelas físicas alcanzado, el nivel de exigencias y expectativas del medio social y familiar, y los patrones motivacionales hacia la bebida frente a otras áreas de la vida, entre otros. La intervención psicológica combina programas de autocontrol y multicomponente, junto a entrenamientos en habilidades sociales y de afrontamiento, y diversas técnicas para reducir la ansiedad y el estrés, así como de técnicas para el incremento de la motivación al proceso de cambio. Dependiendo de cada caso, también puede ser necesario la intervención mediante las técnicas apropiadas de otros problemas asociados al alcoholismo, y que suelen ser frecuentes como los derivados de la depresión, la ansiedad y el deterioro de la convivencia familiar.

 

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