La agorafobia (del griego agora “plaza” y phobos “miedo”) se define como miedo a los lugares públicos, y no, como comúnmente se cree, a los lugares abiertos. La persona con agorafobia sienten un alto grado de ansiedad anticipatoria a padecer algún síntoma análogo a un ataque de pánico, aunque éste no se dé, tales como sensaciones de vértigos, mareos, diarrea, en lugares públicos, donde resultaría difícil o embarazoso escaparse (generalmente de la atención de los demás), o donde la ayuda no es posible. La persona con agorafobia tiende por tanto a evitar cada vez más los lugares donde hay aglomeración de público, en particular los lugares cerrados o con barreras que puedan evitar su escape, lo cual tiende a limitar en extremo sus salidas de casa produciéndose de esta manera un profundo déficit e incapacidad, tanto en sus hábitos de vida como en sus relaciones sociales, lo que en la mayoría de los casos lleva aparejado, junto a la ansiedad, depresión.
Lugares o situaciones que se suelen evitar en la agorafobia:
- Estar solo fuera de casa.
- Estar en lugares concurridos en general.
- Encontrarse en lugares públicos "cerrados" como restaurantes, iglesias, teatros, cines, centros comerciales.
- Viajar en transportes públicos (metro, trenes, autobuses, aviones)
- Estar en un puente
- Conducir por autopistas.
- Hacer cola en supermercados, o esperar turno sentado en peluquerías, salas de espera de médicos, dentista, etc.