Los cambios sociales han elevado la importancia del trabajo como fuente principal de reforzamiento, convirtiéndose en el principal medio para el aumento del estatus social, con las consiguientes ganancias materiales asociadas a tal estatus; así mismo el aumento de la sensación de competencia, éxito y control contribuye internamente a dicho reforzamiento; todo ello favorece que para muchas personas el trabajo se convierta en la única forma de afrontamiento activo para cubrir necesidades afectivas, o pasivo para evitar/escapar a situaciones difíciles de manejar, como pueden las dificultades en otros campos de la vida, ya sean familiares o sociales.
La ambición profesional en combinación con determinados rasgos personalidad puede dar lugar a la “Adicción al trabajo”. El adicto al trabajo se diferencia del trabajador con estrés crónico en que el primero no se siente mal por el trabajo, sino que llega a experimentar sensaciones placenteras. Sin embargo, el adicto al trabajo sólo vive para trabajar, a diferencia del buen profesional que aunque es eficaz y se siente comprometido (“engagement”) con su trabajo, nunca olvida su tiempo libre junto a sus otras actividades familiares o sociales.
Las características del adicto son pérdida de interés por la familia, amigos, ocio, relaciones sexuales; dedica más horas al trabajo aunque esté agotado; cuando no trabaja manifiesta irritabilidad, ansiedad y tristeza; rasgos obsesivos de personalidad como perfeccionismo, inflexibilidad, rigidez, obstinación, preocupación, programación del tiempo; y se siente insatisfecho pese a poseer cuantiosos logros profesionales. Algunos estudios han encontrado también relaciones entre este patrón adictivo y una baja asertividad; baja autoestima junto con pensamientos catastróficos; una baja capacidad para relajarse; y mostrarse incapaces de establecer prioridades al querer hacerlo todo al mismo tiempo. También se ha visto en estas personas una predisposición a tener menor Estabilidad Emocional, lo cual indicaría también la tendencia a la ansiedad, la hostilidad y la depresión.
La intervención psicológica para salir de la adicción pasa por reconocer primeramente el problema, realizar un entrenamiento en toma decisión y distribución del tiempo; aprender a delegar, en particular en puestos directivos, no llevar trabajo a casa, delimitando el horario en la oficina para ir reduciendo el trabajo progresivamente. Al mismo tiempo se deberían tratar aquellos factores emocionales que puedan estar alterados en relación con adicción, al tiempo que enseñar y entrenar a la persona en nuevas formas de afrontamiento de cara a poder sacar partido y disfrute de esas otras áreas de su vida que ha estado evitando por una posible falta o pérdida de habilidades.